Hecha en casa

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Mi casa es mi lugar favorito en este planeta. Me encanta estar aquí. Tomar un té leyendo algo en el sofá, donde a veces entran líneas de sol / rayas de sol / a través de la persiana. Ver desde la ventana de mi oficina las plantas que mi hombre cuida y riega todas las noches. Pasar delante de la puerta del cuarto luminoso de mi hijo y verlo armando legos, con la schefflera y el jazmín metiéndose por su ventana. Por eso mi hija, Celeste, nacerá aquí. Porque este es nuestro lugar.

Micael nació en casa también. En casa de mi abuela, una cabañita rodeada de verde sobre La Molina, porque en esa época yo no tenía un lugar. Mi abuela me lo dio, y eso se lo voy a a agradecer toda mi vida. (Después del embarazo en España yo había regresado a parir en mi tierra, como las ballenas.) Agradezco también el hecho de pertenecer a una estirpe de mujeres fuertes. De madres conectadas, indiferentes a los temores que infunde la comunidad médica, y al camino ‘fácil’ con que la sociedad convence a tantas mamás de dejar de lado la experiencia visceral, difícil, casi sobrehumana, de tomar responsabilidad sobre su parto, sobre la lactancia, sobre la salud física y emocional de sus hijos. Mi madre me dio a luz sin epidural a los 15 años, en una clínica, soportando el hostigamiento de las enfermeras, que sin duda habrían preferido una mamá dopada porque es más fácil de manejar, y que me tuvieron toda la primera noche separada de ella, a pesar de que ella insistía en que ese llanto era de su hija. Por eso mis tres hermanos nacieron en casa. Y pienso en la suerte que tengo de saber desde niña que ese es el plan A.

Porque en Lima hay un porcentaje aterrador de cesáreas en clínicas privadas, y es imposible que las mujeres limeñas estemos tan mal que no podamos realizar nuestras funciones corporales de mamífero en tan gran escala. Yo sé que incluso en mi caso podría ocurrir algo que nos haga salir disparados en busca de un quirófano, pero lo veo como lo que es: un caso de emergencia, el plan B. Como lo dijo hace poco Jimena Lindo, aquí la mayoría son innecesáreas. Y están más relacionadas con los miles de dólares que cuesta la intervención, y con la comodidad que implica para el doctor poder programar el nacimiento para que no interfiera con su agenda, que con verdaderas necesidades médicas.

Y sí, me da rabia cada vez que escucho una historia como la de mi prima, cuyo doctor convenció de que ya se había pasado demasiado la fecha estimada (como si los bebitos vinieran con fecha, como los aterradores huevos que venden en Wong) y que había que programarle una cesárea. Ella no quería. Pero el doctor le metió miedo al marido, y la operaron, y el bebé nació con el esófago aún no completamente desarrollado, y durante los primeros días le costó muchísimo lactar. Necesitaba ser empollado un tiempo más. La explicación, pienso, es que era fin de año y el doctor no quería quedarse sin su tono en Asia. Fue por eso, sospecho, que mi sobrinito nació a la fuerza y en 31 de diciembre. Así que sí, me da rabia; estamos hablando del inicio de la vida de un ser humano.

Otra cosa que no entiendo es cómo a tantas mamás puede darles menos miedo una intervención quirúrgica en la que te atraviesan cinco capas de tejidos que el proceso natural de un parto, con sus dolores como olas que vienen y se van y que te obligan a estar totalmente en el presente, en tu cuerpo; con la posibilidad de recibir a tu hijo despierta, consciente del milagro de que esté vivo y bien y ver sus ojos buscándote, reconociéndote, enchufándose a tu pezón como a un bote salvavidas, sellando el pacto entre los dos para siempre.

Y otra cosa que, más que no entenderla, me da pena, son las reacciones de tantas mujeres que me miran con ojos desorbitados cuando se enteran de que di a luz sin epidural, que mi segundo parto será así también. ¿Pero y los dolores? me preguntan aterradas, muchas de ellas sin haberlos experimentado, pero desde ya espantadas por la leyenda urbana de los terrores del parto y la manera en que se muestra en las películas, con las mamás gritando como si las estuvieran matando. Todo eso les hace creer que no podrían soportar lo que las homo sapiens sapiens y otras mamíferas venimos haciendo con tanto éxito desde hace miles de años.

Con todo esto no quiero decir que parir sea fácil (aunque me he enterado de que a veces, para algunas mujeres, es delicioso). Mi experiencia con Micael fue intensa, difícil, pero no la cambiaría por nada del mundo; mi familia y yo (porque no lo podría haber hecho sin mi familia) nos entregamos al reto en cuerpo y alma, como quien se mete en un túnel oscuro y se da cuenta a la mitad del camino que regresar tomará el mismo tiempo y energía que seguir para adelante. Y seguimos para adelante. Y así fue que me convertí en mamá: tomando la decisión de que mi hijo saliera de mí, a pesar de que yo no sabía cómo se hacía esto de pujar, a pesar de que ya no tenía ni una gota de energía y mi amiga Mati y mi mamá me levantaban cada una de un brazo en cada contracción para ayudarme a estar en vertical. Así nació mi hijo, en el cuarto donde yo vivía en ese tiempo, y ahí nos quedamos; no se lo llevaron, no le pusieron una pulserita para no confundirlo, no le clavaron inyecciones ni le pusieron antibióticos en el ojo; después de la primera teta lo limpiaron y lo vistieron y me lo dieron como quien entrega un regalo y me encontré con el milagro de la vida de frente. Con un organismo nuevo, con el amor como un elástico entre nuestros ojos, con toda la experiencia salvaje del primer trimestre de vida, con la desesperación y la calma.

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Pero para dar a luz en casa precisas a alguien en quien confiar. Uno de los motivos que me hacía temer salir encinta era que no sabía a qué partera recurrir. Por motivos personales, no quería repetir el plato con la primera. Hasta que gracias a María Luisa del Río -mi colega en esto de vivir para contarlo- conocí a Leonie Lange, una partera alemana enraizada como un árbol en la fértil tierra cusqueña. (Vi con Micael el fragmento de un documental en el que aparece Leonie y varias mamás pariendo o que habían parido en casa. Él miraba, fascinado, y cuando terminó me dijo, tajante: Celeste tiene que nacer aquí.) Sin misticismos y con un acercamiento tan profesional como sensible, Leonie me está permitiendo enfrentar el parto por venir con tranquilidad, estar en contacto con mis miedos también, pero sobre todo confiar en que mi cuerpo y el de mi hija sabrán qué hacer. Y que si es necesario, como última medida, correremos a un quirófano -no hay paltas ni presiones- pero si todo sale bien, mi hija nacerá en casa. Donde su papá y yo la hicimos.

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(Quiero agradecer con especial cariño a Karine Aguirre, cuyas clases de prenatal me han ayudado a llevar un embarazo consciente y a conectarme con mi cuerpo y con otras mamás afortunadas. Y quiero agradecer con especial amor a Frank, por su serenidad y su corazón irrompible y su fe en la vida sobre todas las cosas.)

PARA SABER MÁS:

Karine Aguirre – La bailarina que ayuda a alumbrar (Diario El Comercio)

Me gusta la palabra ‘parir’ (Diario El Comercio – una entrevista a Angela Brocker, quien desde su casa de nacimientos Pakarii ha contribuido enormemente a promover el parto natural en Perú.)

The Language of Birth (Mothering Magazine – una interesante reflexión sobre cómo las palabras que usamos relacionadas al parto influyen en nuestra percepción de esta experiencia)

Not the Kind of House for a Home Birth (Mothering Magazine – Una mamá prepara su casa –su nido- para parir.)

They Saw it All (Mothering Magazine – La experiencia para los hermanitos mayores de estar presentes en el parto)

Candles not Required (Mothering Magazine – No es necesario ser hippie para elegir un parto en casa.)

The French Male Midwife (Mothering Magazine – Un encantador artículo sobre un partero motociclista.)

Homebirth in Holland (Mothering Magazine – Embarazadas en bicicleta y partos medievales… como para mudarse a Holanda!)

There’s no Place Like Home (Mothering Magazine – Sea que una decida dar a luz en casa o no, lo importante es tomar una decisión informada y con la cual una se sienta tranquila. Como muestra este artículo, la idea de que un parto en casa es más riesgoso que uno en una clínica es solo un mito.)

Newborn Decisions (Mothering Magazine - ¿Qué hacen con tu bebé cuando se lo llevan en la clínica? Una mirada a los procedimientos de rutina, que es preciso conocer y evaluar)

Revealing the Real Risks (Mothering Magazine – Medicalizar un proceso natural puede complicar lo simple. Si bien una cesárea puede salvar vidas, los partos en clínicas están plagados de pasos que no contribuyen a que el parto sea natural, y la abundante tecnología no es sinónimo de seguridad. Una mirada a cómo los procesos rutinarios de un parto en clínica pueden no contribuir al bienestar de la mamá y el bebé.)

A VBAC – My Way (Mothering Magazine – No solo es posible tener un parto natural después de una cesárea; además, se puede dar a luz en casa!)

Sí se puede tener un parto natural después de una cesárea! (Grupo peruano en Facebook)

El parto natural te hace más receptiva (Artículo de EFE en Terra)

(documental de Anabella Guagliardo)

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12 comentarios:

Alba dijo...

admiro la conciencia que tienes de tu naturaleza y tu fortaleza femenina. La foto que acompaña este artículo es tan mágica como tu esencia. Un besito.

S.I.L.V.I.A dijo...

Ale! la maternidad y la relación mamá-bebe es una de mis fascinaciones aunque aun no lo he experimentado. Eltuyo es el primer y mejor relato de alguien cercano a mi que opta con alegria y tranquilidad por el parto natural. hace poco tuve que tragarme la pena y terror que senti frente a una amiga muy querida, que tenia dos dias de "cesareada" (horrible palabra) y que estaba mas concentrada en el peinado y manicure para la hora de la "cena gourmet" que tendria en su habitación (todo ofrecido por la clinica), que en su bebito recien nacido. fueron victimas tambien ella y su bebé del miedo que le metio el medico.
por eso me alegra y me da esperanza que así como tantas otras mujeres, harás honor a nuestro magnifico diseño femenino trayendo a Celeste de forma natural.
estamos contigo! un abrazo

S.I.L.V.I.A dijo...

ah! me olvidaba, no se si has visto este video, te lo paso:

http://www.youtube.com/watch?v=RHGmPmeGDb0

un abrazo fuerte!

Alfio dijo...

Excelente Ale
Siempre te he admirado....
Desde que te vi nacer.

Un gran beso abrazo
Alfio

Oscar dijo...

Maravilloso Ale, un ejemplo de amor y respeto a LA VIDA

Besos

Oscar

PM dijo...

ey, conmovedor tu relato. esos chicos si que tienen madre, eh.

Alessandra dijo...

Querida Cereza Alba, gracias enormes por tus palabras mágicas... Espero verte pronto!

Silvia, qué fuerte lo que me cuentas! Pero sí, estamos como género en general desorientadas y hemos cedido nuestra voz en lo más personal -nuestro cuerpo y nuestros procesos- a señores en bata blanca. No voy a generalizar porque sé que hay médicos admirables y respetuosos, pero es triste cuando una les hace preguntas que revelan que una se ha informado, y te miran con cara de loca, como 'otra más de estas'... Lo que me da esperanzas es que cada vez la ola del parto natural se está expandiendo más! Estoy segura de que paso a paso será posible que recuperemos nuestra fuerza.

Papi, me quedo sin palabras... G R A C I A S . . .

Y a ti Oscar! Lindo verte por aquí.

PM, entré a tu blog, está de la PM, ahora lo sigo investigando. Curiosidad curiosa, cómo llegaste a este colorido rinconcito de ceros y unos?

Muchos besos para todos y gracias por pasar por aquí y dejar muestras palpables de cariño.

Alessandra

menchis dijo...

Alessandra: gracias por enlazar la entrevista que le hice a Angela! No tengo hijos, pero me gustó mucho el enfoque de esta doctora y que propusiera que las mujeres se conecten más con su naturaleza.
Mi madre me cuenta que mi abuela daba a luz en su casa, en cuclillas y que era lo más normal y natural del mundo. Cuando lo comenté en la oficina, todos se asustaron. Yo sigo creyendo que mi abuela, a la que no conocí, era sabia. Y creo también que el día en que tenga hijos, estos van a llegar a un lugar bonito y especial y no a una sala de operaciones y rodeado de extraños.

Totus in Illis dijo...

Acabo de empezar un blog.
Entren, lean y comenten si lo desean.
Saludos!!

http://minovioimaginario.blogspot.com

Marlis dijo...

Ale!
Me alegra tantísimo que cada vez somo más las mamás que les permitimos a nuestros hijos, nacer en un mundo que los recibe con amor, dándoles la tranquilidad de que siempre estaremos ahi, tratando de que este sea un mundo menos hostil y a la misma vez a la humanidad le damos la oprotunidad de enriqueserse con seres humanos que nacen del amor, con amor y que creen en el amor. Desde sus nacimientos la vida los abraza y eso marca una huella profunda en estos niñ@s. La vida los recibe con amor... entonces, vale siempre la pena luchar por amor!
Yó también agradezco el pertenecer a un linaje de mujeres fuertes, y agradezco también que de alguna manera nuestros linajes estuvieron cerca, tu madre ha sido una fuente de inspiración siempre para mi.
Mis hijos estuvieron presentes en los partos de sus hermanos, Valicha con casi 2 años en el parto de Mateo y luego Valentina y Mateo con 7 y 5 respectivamente en el parto de Alegría... Maravilloso! Mateo cortó el cordón de Alegría esta vez y es increíble la conección que tienen estos hermanos, hermosísimo!
Te mando un besote cargado de fuerza y amor para este parto y un abrazo grande que albergue a todos los miembros de tu hermoso linaje!
Marlis

Alessandra dijo...

Menchis, en efecto tu abuela era sabia... Y tengo la esperanza de que estamos recuperando nuestra sabiduría. Gracias por compartir y que tus deseos se hagan realidad!

Un abrazo,

Alessandra

Alessandra dijo...

Marlis, eres mi héroe! Verte pariendo en el trailer del video, tan tranquila, tan conectada, me ha hecho revisar cómo permitiré que mi bebé salga al mundo, estudiar un poco más cómo es esto de la expulsión... Y sí, es cierto lo que dices. Para amar tenemos que ser fuertes, no?
Qué paja que tus hijos han estado presentes en los nacimientos de sus hermanitos... Yo también quiero que mi hijo esté, a él como que le da nervios pero me parece importante. Uau, y tu hijo mayor le cortó el cordón a Alegría! (Qué hermoso nombre dicho sea de paso!)

Me da tanto orgullo verte, y todo lo que escucho de ti. Qué lindo ha sido conocernos desde pequeñas.

Un abrazo y mucho amor para ti,

A