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Chica Mantequilla

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De nada sirve llorar sobre leche derramada, como descubrí más de una vez (llorando sobre leche derramada). Pero lo mejor de todo es que tampoco tiene sentido llorar sobre crema torcida. No existe ningún motivo para botar la crema de leche que nunca usaste a tiempo. Haz mantequilla.

En Francia la mantequilla madura, hecha con crema que se ha dejado fermentar, es considerada una exquisitez. Apenas me enteré comprendí por qué algunas mantequillas tienen ese sabor particular, atávico. Reuní todas las sobras de crema que languidecían en mi refrigerador y con ellas, siguiendo los facilísimos pasos que voy a describir aquí, hice una mantequilla quesosa, de un dorado pálido, con sabor a granja de verdad. Si quieres empezar con crema fresca, viértela en un tazón, cúbrela con un paño limpio y déjala reposar fuera de la refri por 24 horas. Eso hice con esta versión; puedes ver en la foto de arriba la capa cremosa que se ha formado en la superficie.

Y bueno, tengo el enorme privilegio de que en mi casa viva esta maravilla de color rosa. De color macaron de fresa. De color párpado de niña. Aunque es perfectamente posible hacer mantequilla con una batidora de mano, o con un whisk, o (como hice una vez en el cole) poniendo la crema en un frasco cerrado y agitándola durante lo que parece horas, usar una batidora de pie lo hace todo más fácil. Y más chic.

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Sobre todo si tiene tapa, como esta; es particularmente útil cuando el suero se separa de la mantequilla y empieza a salpicar toda tu cocina y todo tú.

Entonces. Viertes tu crema madurada en el tazón y la bates con el accesorio para batir, a una velocidad media. Poco a poco verás que la crema pasa de ser una chantilly a cortarse. Sigue batiendo. Que se siga cortando.

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Cuando se haya separado el suero de la parte más sólida, que tendrá un hermoso tono amarillito, puedes cantar

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VICTORIA.

Con una espátula, retira tu maravillosa mantequilla hecha por ti solito del batidor y ponla en un colador sobre un tazón, junto con el suero que ha quedado en el tazón de la batidora. Así:

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Con la espátula, chanca la mantequilla para escurrirle todo el suero. Puedes dejarla escurriendo un rato mientras te vas por ahí. Eso sí: NO BOTES EL SUERO. POR FAVOR.

Y ahora, si quieres (yo siempre quiero), le añades sal. La regresas a la batidora con el accesorio para cremar cosas. O usas una cuchara o espatulita, preferiblemente de madera. Y mezclas la sal con la mantequilla. Saldrá un poco más de suero. La sal sirve para preservar la mantequilla (y para hacerla más rica).

Lo bueno de hacer tu propia mantequilla es que tú decides cuán salada la quieres. Eres la diosa (o el dios) de tu mantequilla. Puedes ir probando; depende de la cantidad de crema que hayas usado y de tu propio paladar.

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Ahora puedes ponerla en un lindo tazoncito y llevarla a tu mesa, así fresquita. O puedes envolverla en el apropiadamente llamado papel mantequilla, y refrigerarlo, y si has hecho bastante, regalarle a alguien un paquetito para que te ame para siempre.

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Puedes hacerlo más perfectito y rectangular que yo. Te doy permiso.

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¿Y qué hacer con el suero? Para empezar, vamos a rebautizarlo. Llámalo buttermilk. Leche de mantequilla.

Ahora que lo estamos tratando con el respeto que se merece, podemos usarlo en lugar de leche para hacer pancitos. La diferencia es notable. Este domingo lo usé para unos scones con kion confitado y limón, para el desayuno del día del Pa. (Lo que ves en la copa no son rodajas de plátano, no soy tan monse. Son guayabas con miel.)

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Los abrimos calentitos. Les pusimos la mantequilla recién hecha.

El mundo es perfecto.

*El título de este post es un homenaje a Max Hernández, a quien no conozco creo pero que es el autor de unos cómics hechos con plumón que me enseñó Arturo Higa cuando estábamos en la universidad y cantábamos Jeanette y todos teníamos corazón de poeta, que son los que se divierten más. Nunca he olvidado esos dibujitos geniales geniales. Ojalá que algún día vean la luz.

Tu pequeño lugar

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Pequeña, llegas dentro de poco. Ya está todo listo, o casi listo, como siempre suele ser: el cuarto de tu hermano Micael tiene un espacio para tu tina, para tu ropa, para la mecedora donde te voy a dar la leche; tu ropita está lavada; hay un cajón con todo lo necesario para el parto; la casa esta limpia y nuestros corazones están preparados para lo desconocido.

Como al principio los humanos empezamos la vida inusualmente vulnerables, en comparación con otros mamíferos –dicen que aunque nazcamos a término nacemos tres meses prematuros, para que nuestra gigante cabeza pueda pasar por el canal- estarás todo el tiempo pagada a mí, pequeño animalito. Y dormirás conmigo, como Micael durmió conmigo; para que sus corazones inexpertos aprendan a latir con ritmo, para que su cuerpo sienta el calor y lo traduzca en amor, para poder protegerlos. Más adelante tendrás un cuarto, una cuna, juguetes, figuras dulces en las paredes dibujadas especialmente para ti. Por ahora, nos necesitas más cerca. Pero para que hagas siesta tienes tu pequeña camita portátil. Tu moisés, que nos regaló mi mami y que he decorado y preparado para ti.

Ingredientes:

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Adornitos de lentejuelas (hay una mucha mayor variedad en el bazar El Amigo, en Gamarra, pero si no estás como para ese viaje, también puedes encontrar estas florcitas en el Mercado de Surquillo N° 2.)

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Cintas de lentejuelas

Una cinta roja decorada que tenía por ahí, comprada en El Amigo hace tiempo ya

Una pistola de goma caliente

Bencina y acaricida porque no es la voz que haya otros organismos viviendo en el moisés

Un colchón de algodón hecho a medida en una colchonería cuyo nombre no recuerdo, pero que queda en República de Panamá, frente al hospital Casimiro Ulloa (por el Wong de Benavides)

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Popelina y sesgo para las sábanas. Me tomó tiempo descubrir como hacer bastas pequeñitas porque soy un poco inepta para estas cosas, pero encontré un instructable sencillo aquí: http://www.burdastyle.com/techniques/baby-hem

El imperdible que se puede ver, si se concentran, en el centro del tapasol es un regalo de Ester Ventura, que le regaló uno a también a Micael cuando nació. El huayruro protector asegurará que Celeste solo reciba buenos deseos de las hadas y los hados.

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Solo queda esperarte.

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Sobre las ventajas de compartir la cama con el bebé

The truth about sleeping with baby (The Guardian, UK) Un artículo que revela cómo el último estudio que compara los peligros de dormir con el bebé o que duerman solos ha sido malinterpretado por la prensa; solo es peligroso cuando los papás consumen drogas o alcohol en exceso).

Cosleeping is twice as safe (Mothering Magazine) Las estadísticas confirman las ventajas de dormir con tu bebé.

Breastfeeding and Bedsharing still useful (and important) after all these years (Mothering Magazine) Nuestros bebés nacen más dependientes de nosotros que otras especies. Cómo dormir con ellos nos ayuda a proteger su seguridad.

Solitary or shared sleep: what’s safe? (Mothering Magazine) En la historia de la humanidad, lo usual ha sido que los bebés duerman con la mamá, y no por falta de recursos, sino por sentido común. Nuestra sociedad va en contra de esta costumbre milenaria. Una mirada a los motivos de esto, y una revisión de qué es lo más seguro.

The complexity of parent-child cosleeping: Researching cultural beliefs (Mothering Magazine) Una mirada antropológica a cómo nuestros sistemas de creencias influyen en nuestra decisión de dormir o no con nuestros bebés.

El amor es un árbol

Me ha tomado meses sentarme a escribir sobre esto. Mientras tanto, el blog se ha quedado detenido en el tiempo, suspendido en un instante que huele a especias y pino y chocolate caliente y papel de regalo.

¿Por qué? No estoy segura. Los motivos superficiales (no por eso menos contundentes) son claros: falta de tiempo, cansancio, la pena de no poder haber invitado a todos los que van a recibir este post, la revolución física y emocional de mi segundo embarazo. Pero creo que hay más detrás de todo eso. Tanto F como yo hemos trabajado en producciones de espectáculos gigantescas y ambiciosas (así fue como nos conocimos), pero nunca tan exigentes como la pequeña celebración con la que nos casamos, el 5 de abril de este año.

Fue algo que empezamos a planear desde el principio de nuestra relación, en el verano del 2006. Nuestra boda sería preindustrial; no usaríamos electricidad, sería de día, la banda sonora estaría compuesta exclusivamente de la música que nuestros amigos y familia quisieran tocar para nosotros, tendríamos una sola gran mesa y muchas flores silvestres y animales asados al aire libre y sería en la casa de mi abuelo, en Chaclacayo, en honor a un pedido que me hizo hace muchísimos años y para cerrar el círculo de una infancia feliz, convirtiéndolo, como en el truco de los linking rings, en la chispa de una futura vida en el campo.

Y lo logramos. Con mucha ayuda de los amigos, tuvimos nuestro matrimonio hecho en casa, tal como lo construimos en nuestras mentes hace más de 3 años. Y recién nos estamos recuperando. Como dice mi gran amiga Micaela Velaochaga, que se ocupó durante todos los preparativos del servicio de monitoreo prematrimonial, chequeando periódicamente el estado emocional de la novia y dando valiosa asesoría en temas prácticos, tener una boda simple es mucho más complicado.

Algo que hasta ahora me pone feliz cada vez que pienso en eso es que todas las personas involucradas tenían una relación especial con nosotros. Los partes los hicimos con un tipografista del centro, gracias a la ayuda de Patricia Oga; escribimos los nombres y los lacramos a mano. La decoración fue hecha a pulso por mi mamá, Pepita, nuestra amiga Ana María, mis hermanos Saphie, Antonio, Anaí y Gabriel, la linda Edi y mi papá, Alfio. En la mañana del gran día F y Florencio, que fue mano derecha de mi abuelo durante décadas, se treparon al centro del toldo y colgaron un gran anillo, una corona élfica, de eucalipto con cintas de colores.


Mientras los invitados eran recibidos con frutas congeladas, preparadas, como el resto de la comida, por mi primo (ya bueno, tío) Karel D'Onofrio y su novia, Daniela Vargas (hacen lasagnas a domicilio bajo el nombre de Danka, en el 99 408*3840), y frescos brebajes a cargo de nuestros amigos Hannah Scranton y David Torres, los artífices del café Arábica (que también proporcionaron sublimes cappucinos después de la comida y una torta encantadora),


en el cuarto de mi abuelo, Luis Salcedo, artista visual y estilista, y el encargado de nuestros rulos desde hace tiempo, operaba su magia sobre mí. Me sosegaba con su voz tranquila y borraba con sus brochas y colores el estrés físico y emocional de esta carrera contra el reloj.

Y de pronto, todo estaba listo. Tenía puesto el vestido, hecho por Susana Piqueras, la mujer de mi hermano Daniel; tenía en la muñeca la puñera y en la cabeza el tocado de plumas de pavorreal que hizo para mí mi madrina Ester Ventura.


Mi madre llegó radiante y me entregó las flores azules.


Los niños entraron vestidos de hobbits, concentrados y emocionados. Escuché detrás de la puerta piropos a mi futuro marido, con un atuendo espectacular hecho con talento y finura por Fernando Lavini.


Y de pronto las campanas.

La ceremonia estuvo oficiada por la venerable Jisen Oshiro, misionera del budismo zen en Lima, y por quien guardo tanto respeto como afecto, junto con el monje Sengen, Riushin y Sensho.

La sorpresa del día: la hermana de F, Sylvia, llegó de Chile directo a la ceremonia, después de una ausencia de más de diez años. Y los niños!!! Micael llevaba los anillos (de tungsteno, somos así de quisquillosos) y Julián los rosarios budistas. Y luego mi papi, habiendo entablado una lucha victoriosa con sus reparos anarquistas, me llevó del brazo.


Y así empezó una ceremonia que ha quedado marcada para siempre en mi corazón, y creo que en el de todos los que estuvimos respirando juntos ese día. A pesar de los ensayos, nada me había preparado para tal intensidad, tal pureza, para un tiempo tan delicado que temía respirar.


Arturo y Patricia Higa nos regalaron la música y la diáfana presencia de su cuñada, Erika, quien guarda la tradición del baile y la música japonesa.


Y después de los abrazos a toda la gente maravillosa que atravesó la carretera central y resolvió el siempre complicado problema de qué ponerse para un matrimonio de día en el campo,




Añadir imagen












Erika bailó para nosotros la danza del águila.

Como quien transmite un mensaje urgente de los dioses.

Y así empezó una tarde de música,


amigos,
Añadir imagenantiguos ritos de fertilidad,

(mmmm la torta de zanahoria de Hannah!)

y un final de fuego y aire.

(unas semanas después mi hermanito Julián encontró lo que él jura que es un pedazo del globo, en su casa en Chosica.)

Sobre las fotos

La mayoría de las fotos en este post (como estas dos que siguen, por supuesto) son de Musuk Nolte.

Las demás nos las enviaron amigas. Y Daniela Villalobos hizo un precioso álbum en shutterfly.

Y así empieza una nueva etapa. El blog regresa a la vida, y nosotros empezamos de nuevo, una familia de tres que pronto va a ser de cuatro, gracias a la energía de todos los que estuvieron con nosotros ese día y los que a pesar de no estar nos dieron su amor.

(Me tomó tiempo comprender que el amor recíproco es el único que sirve para construir.)

Besos para todos,

A

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Aquí una lista de blogs y demás muy útiles para la novia do-it-yourself, léase terca, maniática y empedernidamente romántica.

Offbeat Bride
Conscious Weddings
Indiebride