Por la vía láctea
En esta bitácora de (principalmente) comida ha llegado la hora de hablar de la comida primigenia. La primera comida. El néctar mágico con que los mamíferos alimentamos a nuestras crías, y a la que muchas mamás dejan de lado muy a menudo porque no tuvieron la suerte de que llegara a ellas ese pedacito de información que hace toda la diferencia. Lo sé, porque he estado ahí.
Dar de lactar es una decisión personal. A mí me parece una opción inmejorable. Hay un porcentaje -muy, muy pequeño- de mamás que realmente, físicamente, no pueden dar de lactar. Hay otras que optan por no dar de lactar para modificar lo menos posible su vida prebebé, por distintos motivos. Y si algo han ganado para las mujeres occidentales todas las mujeres que desde hace décadas han luchado por nuestros derechos, es la libertad de elegir, y de elegir sin ser juzgadas. Así que este no es un post prolactancia. Este es un post dirigido a las mamás (y a los amigos de las mamás) que de verdad quieren dar de lactar y en los primeros días se han dado de golpe con la pared de la realidad: dar de lactar no es fácil.
Si a esto le sumamos un entorno que no apoya la lactancia, no es sorprendente que tantas mamás tiren la toalla después de unos días de agonía y frustración. Las gotitas de calostro que producimos al inicio (lo que es normal) dejan el campo abierto para que pediatras inconscientes empujen a las mamás a 'complementar' con fórmula. Y ese es el inicio del fin; si el bebé no lacta todo lo que necesita comer, la mamá no produce la leche que necesita comer. Así de maravilloso es este sistema. Además, a menudo la familia no apoya tampoco; "para qué te complicas, hija..."
Yo tuve la suerte de tener una familia que me empujó a seguir adelante, y de recibir unos cuantos datitos que hicieron toda la diferencia. Y como amar es compartir, y yo los amo, queridos lectores, aquí van cuatro secretos que valen oro.
Mi primer hijo, Micael, pagó el pato de mi inexperiencia. Los primeros tres meses (TRES meses) de lactancia fueron agónicos, y estuvimos los dos con los nervios hechos trizas. Los lectores nerviosos abstenerse de leer el siguiente párrafo: seré cruda porque así es la realidad. ("Es delicioso dar de lactar", me habían dicho. Y yo me preguntaba qué tiene de delicioso sentir que te acuchillan en una de las partes más delicadas del cuerpo.)
Los pezones se me inflamaron como frambuesas. Luego empezaron a sangrar. Luego se me empezaron a caer a pedazos. Me dio mastitis tres veces. Cada vez que mi hijo se despertaba yo empezaba a sudar de miedo; preparaba los cojines y las gasas y el agua lentamente, anticipando el dolor y tratando de postponerlo lo más posible. Todas las tardes a las 5:30 me entraba angustia, porque sabía que a las 6:00 mi bebé entraría en un remolino de llantos, lactadas, chanchos y más llantos que solo terminaría a las 2 a.m., cuando los dos caíamos exhaustos hasta la madrugada.
Si no dejé de darle de lactar fue porque soy necia, y porque mi madre y mi abuela me insistían y lo probaban conmigo todo, desde el llantén para desinflamarme hasta Gaseovet y afines para aliviar los gases de mi bebé, pasando por el traumático sacaleches, que sobre todo me sacó sangre, y que después he evitado como a la plaga. Nada funcionaba.
Hasta que alguien (¿Quién fue? ¡No recuerdo!) me recomendó que me pusiera mi propia leche en los pezones después de dar de lactar, y la dejara secar. Mi piel y mis tejidos empezaron a regenerarse inmediatamente. Por la misma época, otra persona (tampoco recuerdo quién; ¿mi abuela?) me explicó que la boca del bebé debe abarcar toda la areola, y que su barriga debe estar pegada a la de la mamá. Además entré a la web de La Leche League, donde leí que es esencial que el bebé vacíe toda la leche de una teta antes de pasar a la siguiente. La leche que sale primero es más ligera (le quita la sed al bebé) y tiene más lactosa; la del final tiene más grasa, y es la que realmente les alimenta. Si el bebé no llega nunca a esa leche (porque la mamá le da contando el tiempo, por ejemplo), el exceso de lactosa le genera gases, y al nunca sentirse lleno toma leche a cada rato, lo cual le genera más gases y a la mamá dolor y desesperación absoluta. No es broma. Además algunos conductos nunca se llegan a vaciar, y llega la mastitis.
Estos tres datos cambiaron mi experiencia completamente. Empezó una lactancia feliz con Micael, que duró dos años.
El cuarto consejo que compartiré con ustedes viene de los fríos países del norte de Europa. Desde hace miles de años, las mamás de Noruega, Suecia y Dinamarca usan conchas de mar para proteger los pezones. Son mucho mejores que los protectores descartables, e incluso que los de tela; la piel no se pega a la ropa, la leche que se almacena la humedece y regenera (la lactoferrina tiene propiedades curativas, antivirales y antibacteriales), y el nácar ayuda a regenerar la piel. Mi madre me trajo unas hermosas de Máncora, blancas por fuera y de un naranja rosa muy íntimo por dentro, y las usé desde el primer día de lactancia de Celeste, mi segunda hija. Hubo un poco de dolor los primeros días, y después fue tan delicioso como decían las malas lenguas. Usar conchas marinas, por cierto, es mucho más poético que usar las de plástico.
Para Lautaro, mi tercero, que tiene diez días y está durmiendo una siesta mientras escribo esto, ya no tenía esas conchas, y en Cusco estamos algo lejos del mar. Así que conseguí unas grandes conchas de abanico donde la proveedora de insumos para la magia a la que siempre recurre mi amiga Tania. Las remojé en agua tibia con sal durante dos días, y se soltaron todos los residuos que estaban pegados. Las escobillé bien con una escobilla de uñas, y luego las lavé con agua y jabón. Hay quienes recomiendan hervirlas; no lo he probado, porque yo a una de las de Celeste le eché agua hirviendo y se rajó. Tal vez hay que hacer como con las ranas, y ponerlas en agua fría a hervir gradualmente, así no se dan cuenta... Ahora tengo dos pares, para a cada tanto lavar en agua tibia uno y dejarlo secar, mientras uso el otro. De noche es mejor dejar que la piel se ventile y no usar nada bajo el piyama.
Te encomiendo, entonces, estos secretos, querido lector, querida lectora; tal vez te salven la vida, o tal vez le salves la vida a una dolorosa madre lactante. Aunque después no recuerde que fuiste tú, te agradecerá para siempre.
Para saber más
La Leche League
LLL en Perú
Web de LLL Perú
Seashells - artículo en Mothering.com (en inglés)
Consejos y venta - itworksmom (en inglés)
Tu pequeño lugar
Pequeña, llegas dentro de poco. Ya está todo listo, o casi listo, como siempre suele ser: el cuarto de tu hermano Micael tiene un espacio para tu tina, para tu ropa, para la mecedora donde te voy a dar la leche; tu ropita está lavada; hay un cajón con todo lo necesario para el parto; la casa esta limpia y nuestros corazones están preparados para lo desconocido.
Como al principio los humanos empezamos la vida inusualmente vulnerables, en comparación con otros mamíferos –dicen que aunque nazcamos a término nacemos tres meses prematuros, para que nuestra gigante cabeza pueda pasar por el canal- estarás todo el tiempo pagada a mí, pequeño animalito. Y dormirás conmigo, como Micael durmió conmigo; para que sus corazones inexpertos aprendan a latir con ritmo, para que su cuerpo sienta el calor y lo traduzca en amor, para poder protegerlos. Más adelante tendrás un cuarto, una cuna, juguetes, figuras dulces en las paredes dibujadas especialmente para ti. Por ahora, nos necesitas más cerca. Pero para que hagas siesta tienes tu pequeña camita portátil. Tu moisés, que nos regaló mi mami y que he decorado y preparado para ti.
Ingredientes:
Adornitos de lentejuelas (hay una mucha mayor variedad en el bazar El Amigo, en Gamarra, pero si no estás como para ese viaje, también puedes encontrar estas florcitas en el Mercado de Surquillo N° 2.)
Cintas de lentejuelas
Una cinta roja decorada que tenía por ahí, comprada en El Amigo hace tiempo ya
Una pistola de goma caliente
Bencina y acaricida porque no es la voz que haya otros organismos viviendo en el moisés
Un colchón de algodón hecho a medida en una colchonería cuyo nombre no recuerdo, pero que queda en República de Panamá, frente al hospital Casimiro Ulloa (por el Wong de Benavides)
Popelina y sesgo para las sábanas. Me tomó tiempo descubrir como hacer bastas pequeñitas porque soy un poco inepta para estas cosas, pero encontré un instructable sencillo aquí: http://www.burdastyle.com/techniques/baby-hem
El imperdible que se puede ver, si se concentran, en el centro del tapasol es un regalo de Ester Ventura, que le regaló uno a también a Micael cuando nació. El huayruro protector asegurará que Celeste solo reciba buenos deseos de las hadas y los hados.
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Solo queda esperarte.
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Sobre las ventajas de compartir la cama con el bebé
The truth about sleeping with baby (The Guardian, UK) Un artículo que revela cómo el último estudio que compara los peligros de dormir con el bebé o que duerman solos ha sido malinterpretado por la prensa; solo es peligroso cuando los papás consumen drogas o alcohol en exceso).
Cosleeping is twice as safe (Mothering Magazine) Las estadísticas confirman las ventajas de dormir con tu bebé.
Breastfeeding and Bedsharing still useful (and important) after all these years (Mothering Magazine) Nuestros bebés nacen más dependientes de nosotros que otras especies. Cómo dormir con ellos nos ayuda a proteger su seguridad.
Solitary or shared sleep: what’s safe? (Mothering Magazine) En la historia de la humanidad, lo usual ha sido que los bebés duerman con la mamá, y no por falta de recursos, sino por sentido común. Nuestra sociedad va en contra de esta costumbre milenaria. Una mirada a los motivos de esto, y una revisión de qué es lo más seguro.
The complexity of parent-child cosleeping: Researching cultural beliefs (Mothering Magazine) Una mirada antropológica a cómo nuestros sistemas de creencias influyen en nuestra decisión de dormir o no con nuestros bebés.

