Jaaalouín!


Siempre ha sido mi fiesta favorita. No en vano mi padrastro me decía Sarah Bernhardt; a esta teatrera no había nada que le gustara más que disfrazarse, y si era con amigos, mejor. ¿Y para pedir dulces? ¡Mejor! Además uno de mis juegos favoritos era sentarme a mirar el tiempo pasar vestida de bruja, al lado de la puerta verde en la cabaña hexagonal que construyó mi papá. Incluso cuando no era Halloween.


Tener un hijo pequeño es la excusa perfecta para convertir la casa en un castillo embrujado y asustar a los niños. Este año invitamos a tres de los amiguitos de Micael del nido (Sebastián, Mateo y Lucía, “mi novia favorita”); a Julián, el tío de Micael, que tiene un año más que él, y a la pequeña Micaela, la hija de mi amiga Leslie. Compré también kilos de manzanas relucientes para los niños que tocaran la puerta, pero no tocó nadie; el año pasado fueron máximo 7 trick-or-treaters, este año ninguno. Es un poco triste que esté desapareciendo el único día del año para vestirse de monstruo y tocar las puertas de desconocidos. Pero no importa; la fiesta la teníamos con nosotros. Es increíble cómo cuatro niños riéndose del miedo pueden convertir una casa en un parque de diversiones.




Antes de que llegaran Julián el Esqueleto, Sebastián el León, Lucía la Bruja Araña y Mateo el Constructor que no se quiso disfrazar, Micael el Mago y yo preparamos todo: los dedos comestibles –que a Julián le dan demasiados nervios pero que los demás chiquitines engulleron con apetito canibalístico–, las arañas de bizcochito y los recurseros fantasmitas de marshmallow. Frank llenó un armario polvoriento de sonidos de terror y talló una calabaza aterradora.
















Yo tenía pensado tallar con los niños las calabazas más pequeñas, contagiada por la costumbre actual de programarles todo, pero estaban demasiado felices como para quedarse alrededor de una mesa; subían disparados al cuarto de Mica, bajaban disparados a esconder caramelos en el jardín, entraban disparados a comer arañas, dedos y gusanos. Mateo venía corriendo para elucubrar conmigo cuáles eran los ingredientes necesarios para hacer una pócima maléfica. ¡Ya sé! ¡Cucarachas apestosas! ¡Vómito podrido! ¡Zapatos malolientes! ¡Alas de murciélago! ¡Moscas! ¡Uñas de pericote! ¡Manzanas venenosas!


Para quedarnos con un poco de espíritu halloweenesco, los dejo con este videíto. No se vayan a asustar.


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4 comentarios:

Mona Herbe dijo...

No te gustaría adoptarme?

Alessandra dijo...

Encantada! La casa es chica pero el corazón es grande...

tilsa dijo...

para chuparse los dedos!
el video está hermoso

Alessandra dijo...

sí! la primera vez lo vi con micael y los dos nos asustamos cuando ocurrió la tragedia. "era mala", reflexionamos...
y. como decía el sitio donde aparecía la receta: "si te parecen extraños estos dedos, imagínate a la persona de galleta a la que pertenecen..."