Waffles de la vida nueva



El desayuno es mi comida favorita del día. Pero hay uno que me pone especialmente filin.

En el 2007 trabajé como profesora en un colegio; para hacer más tremendo el asunto, en mi colegio. Como en Animal Dreams, la novela de Barbara Kingsolver, estar del otro lado de las carpetas -de esas carpetas- me ayudó a entender muchas cosas, a comprender por qué me sentí como pez fuera del agua durante toda mi vida escolar, a confirmar que ya no servía para trabajar en una gran empresa, y que mi vida, terminado el año de profe que había pactado con mis alumnas -amorosas, traviesas- tenía que cambiar.
Me sirvió, sobre todo, para darme cuenta de que para mí hay dos cosas fundamentales: estar con mi familia y tener una manera de ganarme la vida que sea una entrega total a lo que más me gusta hacer. Enseñarles a niñas de ocho y diez años fue hermoso y agotador, estimulante y frustrante, pero sentía que parte del trabajo de un buen profesor es ser un ejemplo vivo de valentía. Que debía demostrar con mi propia vida que seguir tu corazón (tu mente/corazón, como dicen  los japoneses) es la única manera racional de existir. Que renunciar a la seguridad de un sueldo fijo debe ser una decisión fácil si se trata de moldear la vida que te está llamando.

Creo que lo mejor que me dio ese año fue atesorar el tiempo limitado con mi chico y mi hijo, que entonces tenía cuatro años. Construimos una vida doméstica deliciosa. A veces mi chico me venía a buscar a la salida y me llevaba a una tienda de vajilla hermosa y adminículos de cocina que quedaba al lado del cole, para contemplar la vajilla hermosa y comprar uno que otro adminículo de cocina. Una tarde llegué a casa, no sé si era un día especial, y me encontré con un regalo sobre la almohada. 


Era una wafflera de corazones, como la que usan en el bazar de adviento al que él iba desde niño, y que ya era parte de nuestra propia tradición familiar. (Nuestra primera salida de verdad romántica fue cuando me llevó al bazar por primera vez. El día se convirtió en la primera entrada de este blog.) Empezamos a dedicar las mañanas de los fines de semana a perfeccionar una receta de waffles, a encontrar nuestra receta de waffles. Aquí la comparto con ustedes. 

Si tengo todos los ingredientes a la mano, me encanta bajar a la cocina en bata y preparar un desayuno from scratch; es delicioso tocar el harina, tostar la mantequilla, picar el limón confitado, sobre todo si por la ventana el sol entra y se instala sobre la mesa como un ingrediente más. Pero si pensar en preparar waffles desde cero es demasiado intimidante cuando estás en la cama planeando tu día, una alternativa excelente es hacer la masa la noche anterior. Así solo tienes que calentar la wafflera mientras preparas tu café.

Mi chico al año siguiente se convirtió en mi esposo. Juntos tenemos un negocio encantador. Nos mudamos de ciudad. Ahora en la mesa del desayuno hay dos niños y un bebé. Pero cada vez que nos preparamos waffles el uno al otro en algun día especial -o para convertir un día cualquiera en un día especial- me vienen a la mente (la mente/corazón) los primeros pasos que nos han llevado a este largo viaje, a esta aventura de lo habitual.       




Los waffles del amor

3 tz. de harina sin preparar (para darle un sabor más profundo, sustituye media taza por harina integral)
1/4 tz. de azúcar rubia
1 cdta. de polvo de hornear (1/2 en altura)
1/8 cdta. de sal marina fina
1/4 cdta. de canela
1 cda. de limón confitado picado
1 cucharada de azúcar vainilla (o una cucharadita de extracto de vainilla)
125 gr. de mantequilla
3 huevos
2/3 de taza de leche
1 tz. de agua

Calienta la wafflera. Si vas a preparar varios para llevarlos juntos a la mesa, calienta el horno a 100ºC y pon adentro un plato y un poco de papel aluminio.
En una sartén u ollita, calienta la mantequilla hasta que le salga espuma. Baja el fuego y sigue calentándola, hasta que huela a nueces y en el fondo se hayan formado sólidos de mantequilla (parecerán migas de pan). Apaga el fuego.
En un tazón, mezcla el harina, el azúcar, el polvo de hornear, la sal, la canela y el limón confitado, y el azúcar vainilla. (Si vas a usar extracto, añádelo junto con la leche después).
Añade la mantequilla tostada y mezcla hasta integrar. 


Añade los huevos, la leche y el agua. Mezcla hasta integrar.




Pon en la wafflera caliente más o menos media taza de masa. Si te gustan crocantes, cocínalos más tiempo. Si los prefieres tiernos, menos. Sirve inmediatamente, o júntalos en el plato que pusiste en el horno, tapándolos un poco con el papel aluminio.
Puedes acompañarlos con azúcar impalpable, con mantequilla o, si es una celebración especialísima, con una salsa de nutella caliente (mezcla la nutella en una ollita con un poco de leche y extracto de vainilla).






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6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, si no tengo waflera quedaran igual en la sarten???

Vomito Ergo Sum dijo...

Hola que tal en medio dela jungla de papeles, stres y malhumor ... he leido tu blog y es fenomenal, narras la cocina con una dulzura fenomenal, sigue adelante este fin de semana haré con mi esposa alguna de tus recetas.
Suerte y Exitos en todo

Alessandra dijo...

Hola Anónimo! Igual igual no creo que queden, pero tendrás unos riquísimos panqueques.

Alessandra dijo...

Querido Vomito,
Prepararon algo? Cuéntame!
Muchísimas gracias por visitar este espacio y sobre todo por darte el tiempo para escribir tan lindas cosas.

Jorge Ramiro dijo...

La verdad que me dan muchas ganas de preparar este postre aunque anhelo mas el hecho de comerlo. Por eso voy a tratar de hacerlo cuanto antes. En mis televisores philips suelo buscar programas de cocina para obtener nuevas recetas

Alessandra dijo...

Jorge Ramiro, los hiciste? Gracias por visitar y escribir!
Alessandra