Budín de plátano, para un corazón simple


No es necesario que ocurran sucesos duros para que el corazón termine extenuado. La felicidad puede dejarnos pidiendo chepa, sintiendo que necesitamos papel secante emocional, un día sin sobresaltos, sin sentir que somos una copa de la que rebalsa el vino. 

Decidí pasar una temporada en mi ciudad natal. En verano, en Cusco llueve, y quería que los niños gozaran del verano limeño, además de aprovechar dentistas y parques y demás beneficios de la gran ciudad. El proyecto está demostrando ser un éxito. Los niños viven en ropadebaño, salen de la piscinita tiritando, se ponen buzo, bajamos a comprar un helado al malecón. Yo aprovecho para ver a mis amigos adorados, y disfruto de pensar que necesito comprar algo y puedo caminar doscientos metros y encontrarlo. Y de paso, toparme con alguna tiendita de tés manejada por gente bella, al lado de una pasamanería que está en el mismo sitio desde hace 23 años, y luego con una amiga que me abraza en la cola del supermercado. Dentro de todo esto, un reencuentro con mi comadre, que está experimentando una metamorfosis en el corazón, una amiga que está manejando las incongruencias entre lo que siente y lo que ve, mi padre en su convertible blanco y guantes de cuero llevándonos por la ciudad en busca de delicias orientales, mi Nonna, amorosa con su vestido azul y a la que hay que hablarle con dicción clara, mi Mamama, que nos explicó con paciencia a mi tío y a mí que todas nuestras preocupaciones apocalípticas con las que estábamos intentando convencerla de no ir al evento del Papa eran conjeturas, y que tal vez en lugar de que todo fuera espantoso ese día todo podría ser tranquilo y cómodo. La cereza de este gigantesco sundae ha sido el inesperado encuentro con mi hermano, que no veía desde hacía cinco años y que me ha sorprendido con su cariño redoblado y la experiencia que le ha dado la vida.

Lima, en otras palabras, está resultando ser una montaña rusa emocional y siento la tentación de hacer un paréntesis, de encontrarme mágicamente por unas horas en mi casa en el campo, con un pañuelo en la cabeza y el mandil sobre la ropa, sirviendo una copa de vino para el esposo cuando llega a casa. Necesito por un momento sentir el corazón simple.



Tal vez estaba previendo esto cuando preparé todo lo necesario para esta entrada el día antes de viajar a Lima. Esta receta está hecha con el más prosaico de los ingredientes principales: el plátano mosqueado. Ese plátano que ya nadie se quiere comer, que incluso puede tener la cáscara negra, pero que en el interior guarda un puré de sabor profundo, en el que los azúcares han llegado a su máximo desarrollo. El resto de los ingredientes es igualmente simple: yemas, azúcar rubia, mantequilla. El resultado es hermoso: un sabor tan reconfortante como aromático, una textura firme y sedosa. Mis hijos se ponen felices cuando esto es lo que hay de cena. A mí me encanta prepararlo. Tal vez porque son solo minutos frente a la olla, también porque esos minutos son un festín para mis sentidos: el olor de la mantequilla mientras de derrite, el color de sol de la mezcla en los pocillos. Y porque es el mejor uso para una fruta que ya nadie quiere comer, pero que tiene un potencial espléndido. Es solo cuestión de darse cuenta de lo que está debajo de la superficie.



Budín de plátano

Para 4 porciones

4 plátanos muy maduros
4 yemas
120 g (1/2 tz) de mantequilla con sal
120 g de azúcar rubia
4 cdtas. zumo de limón 

Pela los plátanos y cháncalos en un tazón con un tenedor. 
En otro tazón, no muy grande, bate las yemas ligeramente.
Derrite en una ollita la mantequilla. Añade el zumo de limón y el azúcar. Remueve, con una cuchara de madera o una espátula de silicona. Añade los plátanos. Cocina a fuego medio, removiendo, hasta que la mezcla hierva. Vierte un par de cucharadas de la mezcla caliente en el tazón de las yemas y remueve. Añade esta mezcla de yemas temperadas a la olla. Cocina, removiendo sin parar,  solo unos minutos, hasta obtener el famoso punto napa: cuando pasas un dedo por el dorso de la cuchara, debe quedar un surco definido. (ADVERTENCIA: Si cocinas más tiempo que el necesario, terminarás con huevos revueltos y plátano.)
Retira del fuego y vierte en una licuadora. Tapa y licúa hasta que la mezcla esté uniforme y sedosa, sin grumos de plátano. Vierte en pocillos. Deja entibiar unos minutos y lleva a la mesa. También es exquisito frío; en ese caso, cubre con film y guarda en el refrigerador.

Notas

* La receta se puede adaptar, según la cantidad de plátanos madurísimos que tengas. Las proporciones son: 1 plátano x 1 yema x 2 cdas. (30 g) de mantequilla x 1 cdta. de zumo de limón x 30 g de azúcar rubia. 
* Este budín puede convertirse también en el relleno de una tarta. En ese caso, usa un poco más de azúcar (unos 50 g por plátano).
* Originalmente, la receta es un curd de plátano; es decir, es una conserva, que se puede guardar en un frasco en el refrigerador un par de semanas y utilizar según lo que quieras. En ese caso, al igual que en el caso de que lo uses para una tarta, usa más azúcar.

Nota especial

Buscando qué hacer con los plátanos, encontré varias recetas. En este caso, no vale la pena ponerlas todas porque la única que realmente funcionó fue la de The Faux Martha. La he adaptado ligeramente. Está aquí:






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